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Palabras de despedida

23 de abril de 2010

Con enorme tristeza, profundamente consternados y adoloridos, nos hemos reunido en este sagrado recinto, para decirle adios a mi hermano, al hijo, al esposo, al padre, al sobrino, al primo, al compañero, al amigo: Teniente Coronel Juan Gonzalo Lopera Echeverri, destacado oficial del ejercito, muerto en un absurdo accidente aéreo.
Hoy le rendimos un fervoroso tributo de admiración y respeto a quien con la más grande nobleza entregó 23 años de su vida al servicio de la causa y de esta nuestra querida patria.
Su muerte no pasará inadvertida para muchos colombianos, lo lloramos su querida familia, lo lloramos quienes portamos el uniforme, los que sentimos en el alma la nostalgia de su partida, porque él con abnegación, dignidad y generosidad lo dejó todo para prodigarnos una luz de esperanza que nos guiará en la búsqueda de la paz, la tranquilidad y el progreso que merecemos todos los colombianos.
Juan Gonzalo fue hombre íntegro, militar valiente, de excelente trayectoria profesional, ser humano digno, comprometido con su patria y con su familia. De mi papá, Gonzalo Lopera, heredó el arrojo, la valentía y la osadía; de mi mama, María Noemí, su inteligencia, disciplina y honestidad. Siempre prodigó nobleza, templanza e inmenso amor por su Ejército. Fue deportista consagrado y destacado soldado de infantería.
a sus 40 años había ocupado destacados cargos como oficial de la divisa roja, fue comandante del Batallón de Contraguerrillas No. 12 “Diosa del Chairá” el cual quería entrañablemente, ya que fue la unidad que le dio la mayoría de sus glorias militares; comandante del Batallón de Infantería Aerotransportado No. 20 “General Servíez”. Actualmente ocupaba el cargo de oficial de operaciones de la Fuerza de Tarea Conjunta del Sur del Tolima y se disponía a viajar al sitio asignado para adelantar operaciones contra terroristas de las Farc.
Lamentablemente se presentó el accidente que truncó la vida de tan excelente militar, hijo, esposo, padre y hermano ejemplar. Compañero que nos deja modelo de vida difícil de equiparar.
Nuestros estandartes se han inclinado en los cuarteles, el recuerdo de su vida será perenne en nuestro espíritu, en nuestra mente y en nuestro diario trajinar.
Su sacrificio jamás será en vano, estará enlutado el seno de su hogar y colmada de tristeza la gran familia militar; pero deja como herencia a todos sus compatriotas ejemplo inigualable de convicción y entrega, de amor por Colombia, de sacrificio, de orgullo para su familia y para los soldados colombianos, que, hoy con el corazón adolorido lo despiden y le tributan los más altos honores sólo destinados a los grandes héroes nacionales.
Al despedirlo, expreso a mi hermosa familia, a Martica, a mis dos pequeños amores y nuevas hijas: Tatiana María y María Andrea, el más cariñoso saludo de solidaridad y de tristeza por la partida de “Juango” como cariñosamente le decíamos.
Su imagen querida, su ejemplo, su nobleza, su gallardía, su protección paternal y de hermano quedarán grabados eternamente en mi corazón y en el de nuestras familias y también en el pedestal de la gloria y de la historia de Colombia como símbolo de entrega absoluta y compromiso inquebrantable con su patria.
El Ejército Nacional esáa de luto, este duelo institucional invita a una reflexión sobre la hora que vivimos; invita a desplegar con la misma fortaleza y decisión, como lo hizo nuestro valiente oficial, toda la capacidad que se anida en nuestro ser, para afrontar este inmenso reto, que recibimos con la altura propia de nuestra hidalguía, al que respondemos con el temple y gallardía de soldados y con las armas que nos ha entregado la republica para defender la vida, honra y bienes del pueblo colombiano.
Juan Gonzalo, cumpliste con tu misión a cabalidad, puedes partir en paz y seguro de que nosotros continuaremos nuestro camino con la seguridad de que tú nos estarás acompañando y guiando desde el sitio especial en que Dios te ha puesto en su reino, ahora eres un soldado de Dios.
Imploramos al supremo creador, lo acoja en su seno, y nos brinde la fortaleza, para que desde el sitio donde nos encontremos, nuestro duelo lo convirtamos en permanente lucha, por la paz y progreso de Colombia.
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