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Recluta, otro estilo de vida

18 de febrero de 2008

- En 15 minutos deben bañarse, afeitarse, lavarse los dientes y vestirse.

- Dicen que sus papás no los van a distiguir hoy porque todos están calvos.

- 30.634 reclutas entraron a reforzar la tropa. 109 están en la IV Brigada.
La cabeza rapada y el uniforme no será la primera sorpresa que se lleven los familiares que visitarán hoy a los 109 nuevos reclutas bachilleres y regulares que cumplen su primera semana en la IV Brigada de Medellín.

También se encontrarán con que los muchachos hablan con un tono de voz más alto que el que les permitían utilizar en la casa; que ya no se "sientan" sino que están en "A1" y que no les hablarán del día en que terminen de prestar su servicio sino de "irse de mocha".

Ya no pedirán "el favor de" sino que se acercarán para "para solicitarle que..." y cuando sus papás les digan que el uniforme "les quedó bien" ellos muy probablemente van a asentir y explicarán que "quedaron muy puppies".

Se sorprenderán al saber que el muchacho al que casi tenían que echarle un balde con agua fría los domingos para que se levantara antes de las 11 a.m., hoy se levantó a las 5 a.m. y que comienza y termina sus días con la Oración a la Patria: "Colombia Patria Mía te llevo con amor en mi corazón...".

La U esperará un año
Además del "camuflado patriota" y la sensación de frío en la cabeza, Juan Esteban Toro, de Donmatías; Diego Zapata, de Bello; Hernán Darío Ruiz; de Medellín; y Jonathan Restrepo, de Ituango, también comparten su pasión por la música, las artes y los medios de comunicación.

Los cuatro jóvenes prestarán su servicio militar durante 12 meses como soldados bachilleres, pero no están asustados ni aburridos por haber tenido que aplazar sus planes.

Es más, ya fueron seleccionados "por su especialidad" para ingresar a la banda de música de la IV Brigada y esperan una oportunidad para hacer sus pinitos en la emisora del Ejército o experimentar con videos, vallas publicitarias o cualquier actividad artística que le pueda servir a la unidad militar.

Juan Esteban, estaba matriculado en Diseño Gráfico, en Comfenalco; Diego, iba a cursar su primer semestre de licenciatura en Artes, en la Universidad de Antioquia; Hernán Darío, se estaba preparando para cursar Comunicación Social, en el ITM, y Jonathan, tenía un proyecto con radio y televisión en Ituango.

Sin embargo, aunque sienten nostalgia de dejar por un rato su vida de estudiantes, aseguran que era un paso que tenían que dar y que los va a beneficiar a futuro porque "no es lo mismo una libreta militar de primera que de segunda".

De acuerdo con la ley 48 de 1993, la libreta de primera la obtienen quienes han prestado el servicio militar obligatorio: 12 meses para los bachilleres; de 18 a 24 meses para los regulares; y de 12 a 18 meses para los soldados campesinos.

La de segunda clase la reciben quienes no son aptos, los que son sujeto de alguna excepción (discapacitados, hijos únicos, huérfanos cabeza de familia, entre otros).

Los que más lloran....
En su primera semana no han recibido ningún castigo ni la cosa les ha parecido tan horrible como muchos piensan. Eso sí, aseguran, es cuestión de aprender a vivir.

Por eso se ríen al recordar a un recluta que llamó a sus papás desde el celular y casi con lágrimas en los ojos les gritaba: ¡sáquenme de aquííííí! Ese hoven, se atreven a asegurar, va a ser uno de los que en 12 meses va a estar llenando los papeles para quedarse como soldado profesional (profeta) o seguirá la carrera de oficial o suboficial.

Cuentan que vieron llorar a muchas mamás al despedir a sus hijos, porque ellas creen que los van a matar o van a caer en un campo minado. Según ellos, son riesgos que se corren pero, de momento, no piensan en eso y cuando llegue el momento de afrontar una situación de peligro

Sus principal preocupación es distinguir los rangos de oficiales y suboficiales, porque una confusión -como mínimo- puede costarles un regaño.

Además están enfocados a aprender a "sacarle americana" (brillo) a las botas; tender la cama de tal manera que una moneda rebote, y que la chapa metálica de la correa haga las veces de espejo.

El golpe más duro es la motilada. "Aquel de allá llegó que parecía Pedro el Escamoso", cuentan entre risas mientras muestran a un joven con la cabeza rapada en la que empiezan a aparecer algunos pelos como si fueran puntillas.

Lo bueno del corte obligatorio, dicen con ironía, es el ahorro en champú y gomina y que no tendrán que gastar parte de los 15 minutos que les dan para bañarse, afeitarse y vestirse en acomodarse el pelo. Un soldado profesional, quien lleva 7 años en la institución, recuerda que en su tiempo, todo eso se hacía en cinco minutos.

A eso se suma la labor titánica de lavarse los dientes y afeitarse al tiempo sin que la cara quede llena de cortadas.

En el día extrañan la comida de la casa, "no es porque la del Ejército sea mala sino porque se hace por cantidades y le falta el cariñito". Por eso la emoción con la que esperan que en la visita de hoy les lleven "algo que tenga saborcito".

Las noches son menos cómodas, más si les roban las tablas de la cama o les tocó un compañero que ronca. Los gordos (hay dos muchachos con casi 100 kilos) no pueden usar la parte superior de la litera y mucho menos compartir la cama de abajo. Pero todo eso es el principio del mundo que apenas empiezan a descubrir.

Los hechos
1 Este año serán convocados 4 contingentes
El primer contingente para el servicio militar obligatorio está conformado por 21.460 regulares y 9.174 bachilleres. Ellos ingresaron a las diferentes fuerzas y a la Policía a partir del domingo pasado y permanecerán hasta 24 meses.
2 Los papás se quejan por la espera
Una de las quejas frecuentes de los padres cuyos hijos están en edad de prestar su servicio militar es lo largo el proceso de selección y las esperan que deben afrontar en las concentraciones de reclutamiento que algunas veces duran un día.
3 ¿Se debe pagar por la libreta militar?
De momento, no. Pero está pendiente de sanción presidencial la ley que revive el cobro de la cuota de compensación para los varones de estratos 4, 5 y 6 que no fueron reclutados. Los niveles 1, 2 y 3 del Sisben están excluidos del pago.

Formación, experiencia y madurez
El coronel José David Vargas es el jefe de Reclutamiento del Ejército y el encargado de coordinar las incorporaciones a nivel nacional. “Cada fuerza escoge a su gente pero nosotros desde acá coordinamos todas las actas y el registro”.

Considera que es erróneo pensar que el servicio militar sea pensado como un castigo para jóvenes rebeldes, porque “el Ejército es la institución del país que cuenta con mayor credibilidad y si a uno lo amenazan con pertenecer a ella sería un honor”. De ahí el impulso a la campaña: Ser soldado es un estilo de vida. Con ella buscan que quienes prestan servicio ingresen a la carrera militar como soldados profesionales, oficiales o suboficiales.

El mejor gancho, asegura el coronel Vargas, es demostrarles que “prestar servicio es formación, es experiencia y es madurez”.
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