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Héroes silenciosos

El objetivo de la actividad fue agradecer su esfuerzo

21 de diciembre de 2007

Con la vinculación gratuita de artistas como Darío Gómez, Los Gigantes del Vallenato, Crisanto Vargas “Vargasvil”, El Tropicombo y los Hispanos, entre muchos otros, además de la empresa privada, ayer en Medellín cerca de 180 soldados heridos en combate, recibieron su fiesta de Navidad.
“Debido al gran numero de hombres que integran la institución, son muy pocos los espacios que tenemos para reconocerle y agradecerle a nuestro soldados heridos en combate, todo el esfuerzo que han hecho por nosotros. Con este acto buscamos decirles gracias. Gracias por haber dado una pierna, un brazo y parte de su vida para defendernos, a usted, a mí y a la Patria”, son las palabras con las que el Sargento Viceprimero, Jhon Bernal, paramédico del Ejército hace 19 años, describió el evento desarrollado ayer en la IV Brigada en Medellín, a través de la cual se le rindió homenaje a unos 180 soldados y oficiales heridos en combate, y que hacen parte de la jurisdicción de VII División del Ejército.

Entre los caras de felicidad por recibir un regalo, compartir con sus antiguos compañeros o simplemente salir de la rutina, se encontraba el Cabo Segundo Edwin Sanit Montoya, quien a sus 30 años de vida y después de haber prestado sus servicios como militar por 14 años, quedó parapléjico, producto de una bala que le atravesó la cabeza.

“Yo pertenecía a la Brigada Móvil número cinco, en la mañana del 19 de julio de 2003 patrullábamos por zona rural del municipio de Tame – Arauca, de repente la guerrilla nos atacó. A mí me dieron un disparo en la cabeza y varios de mis compañeros murieron en el sitio”, relata Edwin con voz entrecortada, al recordar que para poder salvar su vida, sus compañeros lo taparon con unos plásticos por cinco horas mientras pasaba el combate, luego fue trasladado a Bogotá, donde después de dos meses de recuperación lo declararon parapléjico.

“Yo desde mi cama pensaba solo en caminar y en pararme de ahí. Luego de mucho esfuerzo lo logré”.

No obstante, este hijo de El Bagre, Bajo Cauca antioqueño, quedó con serias dificultades para caminar y hablar, problemas que está solucionando con la única y mejor medicina que puede recibir un ser humano, el amor, pues a su lado ha tenido a su esposa Rosa María Guerra, “su médica personal”.

Cuando Rosa María habla, en su rostro se refleja la felicidad que le genera haber aportado a la lenta recuperación de Edwin y sobre todo, es evidente su deseo de seguirlo apoyando, “nosotros nos conocíamos, pero no éramos novios. Cuando él sufrió el accidente inmediatamente sentí la necesidad de regalarle una parte de mi vida, porque un héroe como él lo necesitaba y se lo merecía”, fue por eso que lo invitó a hacer caminadas diarias, para aumentar su movilidad, pero entre caminada y caminada, surgió el amor que hoy los caracteriza y del cual se tienen los primeros frutos; “desde hace año y medio, nació Juan Manuel, un niño mono que es mi fuente de vida”, balbucea con mucha dificultad el Cabo Edwin Sanit Montoya, quien en medio de su tragedia, saca fuerzas para seguir adelante, por su hijo y su esposa, pues al fin y al cabo, “mi única medicina ha sido el amor”.
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