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En los últimos cuatro años se han desmovilizado 1893 mujeres

Ejército destaca labor de las madres

14 de mayo de 2007

Al celebrarse el día de la madre - el ser capaz de dar todo sin recibir nada, que quiere con todo su corazón sin esperar nada a cambio y que hace hasta lo imposible por sus hijos - el Ejército Nacional saluda y destaca el valor, la gallardía y entrega de las 1.893 mujeres que pertenecían a grupos subversivos y que decidieron escapar de sus estructuras guerrilleras para acogerse al Programa de Atención Humanitaria al Desmovilizado.
Desde el primer día de Gobierno del Presiente Álvaro Uribe Vélez hasta la fecha, se han entregado de forma voluntaria a unidades del Ejército de Colombia 1.893 mujeres, entre las que se cuentan 109 madres solteras y un buen número de menores de edad que hacían parte de filas terroristas de las FARC, el Eln, autodefensas Ilegales y otros grupos al margen de la ley.

Un 37 por ciento del total de desmovilizadas tienen hijos, en tanto que el 42 por ciento restante son solteras o conviven en unión libre de acuerdo a los datos manejados por la oficina de Atencion Humanitaria al Desmovilizado, programa liderado por el Ministerio de la Defensa Nacional.

En entrevista con dos de las desmovilizadas coinciden en afirmar que una de las razones que las llevó a fugarse del grupo guerrillero, fue poner a salvo el bebe que gestaba una de ellas, ya que temían que fuera asesinado una vez naciera o fuera obligada a abortar.

Su deseo era constituir una familia y compartir de la alegría de sus hijos, muchos de los cuales en poder de la organización terrorista que fueron arrebatados y obligados a engrosar las filas terroristas cuando apenas tenían los primeros años de infancia.

A las mujeres en las estructuras guerrilleras no se les trata como seres humanos, solo las utilizan como un elemento más de guerra o instrumento sexual para los cabecillas, agrega una de ellas.


Cristina, quien nació hace 22 años en un municipio del Caquetá, cumplió su sueño de ser madre de su primer bebé, 25 días después de haberse desmovilizado y a quien le llamó Yaneth Yohanna.

Ingresó al frente 48 de las FARC cuando tenía 19 años, en ese entonces era una estudiante que caminaba tranquila por su barrio, vistiendo uniforme de su colegio y compartiendo de la amistad de sus amigas y del calor de su familia.

Pero su vida da un giro radical cuando con el permiso de sus padres, su profesora se la llevó a pasar unos días en casa de unos familiares en el sector de Peñas Negras, comenzando allí su tortuoso camino que la llevaría a las toldas guerrilleras.

“A pesar que esa era una zona de pura guerrilla, yo me quede trabajando y no volví nunca más a estudiar, ni a encontrarme con mi familia, luego varias personas con las que compartía, empezaron a decirme que ingresará a la guerrillera de las FARC, que eso era bueno y que se ganaba mucha plata, me anime y empecé a compartir con ellos mucho tiempo, como una miliciana más.

La vida era muy dura… que digo allá no hay vida alguna, me tocaba estar para arriba y para abajo por trochas y montes sin importar el agua o el sol, cargando cosas pesadas, sin poder estar tranquila porque todo el tiempo estaba vigilada y me tocaba rendir cuentas de lo que mis comandantes me ordenaban y si no lo hacia me amenazaban todo el tiempo con matarme, pero aún así yo solo pensaba de cómo buscar la forma de volarme, pero me era un poco difícil porque no confiaba en nadie”.

En medio de esa difícil situación, un día cualquiera le cambio la vida cuando conoció a Cesar, uno de sus camaradas, quien ahora es su compañero y padre de su primer bebe.

Agrega que una vez quedó en embarazo, la sorpresa fue muy grande, la llenó de felicidad e ilusiones, al tiempo que le generó mucho susto, pues no podía decir nada a sus camaradas, porque la hacían abortar. “Yo no iba a permitir ese crimen, de inmediato intente comunicarme con el padre de mi bebe y compartir esa noticia de que seríamos papás próximamente”, señala la joven mamá.

Después de que Cristina había hecho varios intentos por comunicarse con Cesar quien había sido trasladado a otro lugar, uno de los cabecillas de la cuadrilla 48 de las FARC la envió para comprar unos víveres al casco urbano. Ella aprovechó la oportunidad para buscar al padre de la bebe que esperaba, logrando reunirse con él horas después, lo que motivó poner en marcha el plan de fuga.

De inmediato emprendieron la huida en un vote que finalmente los llevaría a Florecía, Caquetá, sin embargo el deseo fue más grande hasta que llegaron vía terrestre al municipio de Pitalito, Huila, donde se entregaron a unidades del Ejército, con el fin de que fueran incluidos al Programa Humanitario de Desmovilización, el cual disfrutan hoy en día.

“Lo que me impulsó a volarme, a costa de lo que fuera, fue mi bebe. La vida dentro de un grupo guerrillero es muy dura, aparte de que a uno le prohíben ver a la familia, la mujer no puede tener hijos y como si fuera poco, todo el tiempo uno recibe amenazas de muerte”, advierte Cristina.

“Invito a todas las madres y a las que no lo son y que están en las filas guerrilleras, para que tomen la misma decisión que yo tomé. Piensen que esa vida no es la que uno se merece y menos nuestros hijos. Los cabecillas prometen muchas cosas y todo es una mentira que se convierte en una pesadilla de nunca acabar”, agrega.

Ahora Cristina manifiesta sentirse feliz y solo quiere reiniciar una vida nueva y darle un buen ejemplo a su hija, para que en un futuro no sea víctima de la odisea que le toco vivir a ella.
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