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Una muerte heroica

El militar murió al pisar un campo minado en Campamento

03 de marzo de 2007

La muerte del soldado profesional Saúl Bianey Restrepo Álvarez, llena de dolor a la familia castrense del batallón Pedro Nel Ospina. La madre del militar, con resignación y gran desprendimiento manifiesta “me siento orgullosa de haber entregado un hijo a la Patria”.
Saúl siempre quiso ser soldado. En 1999 ingresó al Batallón Pedro Nel Ospina, en el municipio de Bello.

Fueron 18 meses en los que él, armado con un fusil y cargando su material de campaña decidió emprender una carrera dedicada a las armas y a la defensa de la Patria.”Luego de varios patrullajes y combates conoció la actividad con los explosivos”, recordó el comandante del batallón de Ingenieros de Combate No. 4 General Pedro Nel Ospina.

Precisamente esa actividad con los explosivos lo llevó a distinguirse como uno de los mejores de los Grupos de Explosiones y Demoliciones, Exde, de todo el país.

En estas unidades, Saúl Bianey Restrepo Álvarez dejó a un lado el fusil, estableciendo un vínculo estrecho con su binomio, un can entrenado por él mismo para la detección de las trampas mortales.

Sin embargo, en una de las acciones humanitarias de los grupos Exde, acabó con las ilusiones de una carrera militar.

Él y otros dos compañeros perecieron, no por ningún ataque ni asesinados vilmente. Ellos entregaron la vida, cumpliendo con su deber.

Tras ser advertidos sobre un campo minado en una residencia de un paraje rural del municipio de Campamento, Norte antioqueño, los integrantes del grupo Exde iniciaron su labor.

Saúl ordenó a su binomio que realizara la labor de detección. En medio de una labor que para ellos se les convierte rutinario, el estallido cegó la vida de tres valientes. El subteniente Abrahán Guzmán Suárez, el cabo tercero Jhon Fredy Ordóñez Velásquez y el soldado profesional Saúl Bianey Restrepo Álvarez, pereciendo junto a su habilidoso y juguetón canino.

Desprendimiento

Con pasos lentos, María Carolina Álvarez, madre de Saúl, entra a la parroquia Inmaculada Concepción. Frente al altar permanecía el féretro verde oliva adornado con el tricolor nacional.

A sus 76 años, Maria Carolina guardaba serenidad. Ella sabe más que nadie que su hijo le hará mucha falta, pues Saúl siempre se caracterizó por ser “muy buen hijo, tanto en el servicio militar como en el hogar y en el barrio. El no me desamparó (...) lo que trabajaba era para las necesidades del hogar, porque él siempre veló por mí”, expresó la madre del valiente soldado.

Maria Carolina continuará con su puesto de chance, en un humilde sector del municipio de Caldas, sabiendo que su hijo le hará falta, por ser una persona que siempre se entregó al hogar. No obstante es consiente que “Dios me lo dio hace 26 años y a Dios se lo entrego y se lo entrego a la patria”.

Por eso las últimas palabras dirigidas a su hijo, que yacía en esa caja verde oliva. “Hijo me siento orgullosa de haber sido tu madre y no te digo adiós porque siempre estarás en mi corazón, que Dios te reciba en la patria celestial. Me siento muy orgullosa de haber entregado un hijo a la Patria”.
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