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Las guerrillas combaten con minas, no con balas: Ejército

11 de octubre de 2006

- Un rebelde puede sembrar hasta 200 minas. El plástico dificulta su ubicación.

- Estará en el batallón Pedro Nel Ospina. Tendrá biblioteca temática.

- En Antioquia habrá un centro para la investigación de minas antipersonal.
La estrategia de guerra cambió en Colombia, tanto que las escuelas militares no solo tienen que preocuparse por enseñar táctica e inteligencia, manejo de armas, movimiento de tropas, derechos humanos y primeros auxilios sino por dedicar más horas de instrucción al combate de un enemigo implacable y oculto: las minas antipersonal.

Este año en Antioquia, dos militares murieron a causa de las minas antipersonal, 45 sufrieron amputaciones y otros 92 resultaron heridos, señala el teniente coronel Édgar Ávila Doria, comandante del batallón de Ingenieros Pedro Nel Ospina.

De esa unidad dependen los grupos Exde, encargados de la destrucción de explosivos y de estas armas-trampa.

La cifra, explica, supera los 109 accidentes reportados el año pasado.

A ellos se suman los casos de 56 civiles reportados por la Gobernación de Antioquia.

Las minas son un arma "perfecta", no solo por su duración (pueden permanecer activas y ocultas hasta 50 años) sino por su bajo costo (las artesanales no superan los 5.000 pesos) y el efecto desmoralizador que causan en la tropa cuando cae un compañero herido.

Desde el batallón Pedro Nel Ospina se pensó hacerles frente de una forma distinta: con el primer centro para la investigación sobre explosivos y minas antipersonal del país.

Allí, los integrantes de los equipos Exde de las unidades militares de la IV Brigada contarán con laboratorios, bases de datos, tipos de minas y pistas de entrenamiento.

"El incremento en el uso de minas y los explosivos nos llevaron a presentarle la idea a la Alcaldía de Medellín que nos apoyó con 380 millones de pesos. Queríamos hacer algo con proyección al futuro, no quedarnos en la destrucción. Hay que pensar en el posconflicto cuando se deba hacer un desminado humanitario y con estas bases de datos se puede tener un mapa que puede servir de guía", agrega el coronel Ávila.

La primera fase, que se espera esté lista en diciembre, contempla la construcción de alojamientos y aulas.

Después vendrá la dotación de salones, una biblioteca especializada, dos laboratorios y una pista de entrenamiento.

La idea también es fortalecer la escuela de entrenamiento de caninos.

"La pista de entrenamiento tiene que ser especial porque no puede tener materiales como polvo de ladrillo que afecta el uso de los detectores de metales", señala.

Nada inmunes
La labor del sargento segundo Juan Carlos Ruiz, condecorado el jueves pasado en Bogotá por ser el responsable del equipo Exde más exitoso del país, ha salvado decenas de vidas de compañeros y campesinos del oriente de Antioquia.

Sabe que su lucha es contra un enemigo mañoso que siempre está escondido y que se camufla de forma perfecta.

Recuerda el día en que una vaca salvó la vida de un labriego en Sonsón. "En un potrero por donde pasamos muchas veces arriaba el ganado para encerrarlo... cuando menos pensamos: la explosión y la vaca muerta..."

La historia le sirve para recordar que ser expertos en explosivos no los hace inmunes.

Sabe que los nacimientos de agua, cruces de caminos y hasta las escuelas son sitios que pueden estar minados.

"Escogen las escuelas porque la tropa llega a reunirse con la comunidad", comenta.

Dice que muchos campesinos los han salvado, al advertirles cuáles zonas y qué caminos están minados.

"Es cuestión de pericia y experiencia. Cada vez se está usando más plástico y menos elementos metálicos lo que hace que el detector de metales sea inútil", comenta.

Una lucha dispareja
Para los ingenieros militares, es una lucha dispareja.

"A uno lo entrenan para combatir, para enfrentarse con el enemigo ¿Pero cuál enemigo es este?", afirma el sargento Ruiz.

A su juicio, así como ellos se capacitan para destruir minas y trampas explosivas, la guerrilla (en especial las Farc) extiende los cursos de explosivistas para fabricar y sembrar estos artefactos.

Un guerrillero puede recibir hasta 200 minas para sembrar en una región. De ahí, la gravedad de lo que ocurre en el Oriente del departamento.

"Una vez en una patrulla encontramos a un campesino que llevaba unos tarros de leche.

Los miramos y eran minas. El señor se puso a llorar y nos dijo que la guerrilla se había metido a su casa y lo había obligado. Que si no llevaba las minas su familia pagaba (?)", recuerda el suboficial.

Por casos como este, los militares insisten en la coincidencia perfecta de los mapas de la guerra, el desplazamiento y los cultivos de coca.

"Primero usaron las minas para proteger los campamentos, después para sacar a los campesinos y ahora lo hacen para cuidar los sembrados de coca".
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