SEPTIMA DIVISION

La desaparición de las Farc
Quienes de alguna forma estuvimos cercanos a las discusiones internas que se tenían en las décadas de los setenta y ochenta en los claustros universitarios sobre los grupos subversivos, no nos podíamos imaginar que una guerrilla terminara atrapada por el negocio de la droga, ni mucho menos pensar que llegaría a disparar de manera indiscriminada contra el propio pueblo colombiano.
Se reconocía a finales de los setenta que se había pasado de una fase de romanticismo guerrillero propio de los sesenta a una de consolidación de las fuerzas con plena conciencia de los combatientes de ser un ejército revolucionario. Pero la ética de la izquierda romántica era la misma: lo primero era una convicción de mártir por una causa, con la conciencia de que se podría ser capturado y torturado, pero nunca ser capturador y torturador. Antes que todo, el revolucionario tenía que ser el ejemplo para la sociedad de un luchador desprendido, honesto, leal con la causa de buscar construir un país justo e igualitario. En las universidades públicas el ideal guerrillero pasaba antes por ser profundamente comprometido con su gente, con la justicia y con unos principios de lucha que eran la base del proyecto de estado revolucionario.

Lo que aconteció en las últimas semanas con los ataques a civiles en todo el país, y lo que se ha hecho evidente con el desplazamiento y defensa de territorios cocaleros por parte de la guerrilla, muestran que esas Farc de los setenta y ochenta ya murieron, lo que existe hoy es otro torcido proyecto en que fines y medios se confundieron y la toma del poder pasó a ser una obsesión que excusó cualquier medio, sólo que esta lógica simplista y pragmática arrebató la legitimidad y el apoyo popular. La lógica de la violencia degrada la mente y el espíritu a tal grado y de tal forma que se pierde toda dimensión de humanidad.

Un posible punto de quiebre en el proceso revolucionario de las Farc, en el que se dio el paso a degradarse a fuerza beligerante sin arraigo popular ni contenido de propuesta, fueron la muerte de Jacobo Arenas y la decisión de participar en el negocio del narcotráfico. Con la muerte de Arenas se perdió el contrapeso ideológico y ético necesario y el poder quedó en manos de una lógica violenta, taimada, ciega y poco pensante de Tirofijo, para quien valen más sus intereses personales, verbigracia sus gallinas, que la vida del vecino, y la de los colombianos.

Cómo se notan cuatro décadas metidos en el monte y ajenos a las nuevas realidades y procesos de discusión y construcción social. Las Farc hace años mataron la opción de paz negociada. De tanto secuestrar, extorsionar y de sólo tener como inspiración y fuente de poder las armas, perdieron la capacidad de dialogar y construir. Las Farc no sólo carecen de proyecto sino que no tienen el más mínimo apoyo de la ciudadanía. Lo más grave es que carecen de toda legitimidad. Quien asesina, tortura, secuestra, trafica con droga, simplemente quemó las barcas de la civilidad y no puede ser una opción de poder y cabeza de Estado de una sociedad.

En este estado de cosas, pretender negociar con las Farc carece de lógica. Cualquier proceso que se emprenda será, desde la perspectiva de la guerrilla, más una extorsión armada al país que un proceso real de búsqueda de construcción de país. En el año 2000, durante el gobierno de Pastrana, en medio de la negociación, tuve oportunidad de leer un interno de las Farc en el que se explicaba su estrategia de usar el proceso de negociación para fortalecerse, me lo dio uno de sus cuadros urbanos, viejo conocido de la universidad. En él era claro que no había espacio para una construcción conjunta. Para las Farc sólo hay una opción, la toma del poder.

El país debe enfrentar el delicado proceso de desaparición de las Farc, con una estrategia tan de largo plazo como la que siguen teniendo las Farc de tomarse el poder. Se debe fortalecer la presencia del Estado en todo el país, la ciudadanía debe sentirse identificada, respaldada y acompañada por la democracia y la civilidad, en esto ha avanzado mucho la propuesta de seguridad democrática.

Debe fortalecerse una estrategia de desmovilización, retribuir a cada guerrillero que se entregue y darle la oportunidad de tener un proceso de reinserción social. Coparle los espacios de narcotráfico a la guerrilla. Pero sobre todo, la ciudadanía deberá saber que tendrá que enfrentar con valentía y durante años un ataque cada vez más brutal de las Farc a los civiles, ya que como lo mostraron estas semanas, es la única vía que están viendo como posible para extorsionar a todo un país y someterlo a sus propósitos de imponer un proyecto de sociedad que ni ellos tienen claro. No dejemos que nos paralice el miedo.



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