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Gracias, General Montoya
El pasado martes 27 de marzo la Co-muna 13 al occidente de Medellín se reunió emocionada en las calles de sus barrios frente al General Mario Montoya Uribe, actual Comandante del Ejército Nacional, para estrecharle la mano y abrazarlo en señal de su agradecimiento infinito por haberlos rescatado de las garras del terrorismo de izquierda y de derecha -ambos narcotraficantes comprobados- de las Farc, el ELN y las AUC.
Y que no vengan ahora los recalcitrantes ideológicos de todos los pelambres a decir que el cálido homenaje colectivo de esa magnitud se organizó a las bolandas después de conocer la publicación de El Tiempo del Lunes 26 pasado, basado a su vez y ciegamente en Los Ángeles Times y en una anodina Agencia de Inteligencia Aliada, en el sentido de que el General Montoya se había coaligado con los paramilitares para organizar en Octubre de 2002 la salvadora y brillante Operación Orión en la martirizada Comuna de Medellín, a escasos dos meses de posesionado el presidente Uribe.

Los que conocemos al General Montoya sabemos del esmero moral y profesional con que ha labrado su limpia vida y el de la propia institución castrense que ha constituido el principal motivo de su estelar trayectoria. Aquí no se trataba de esperar que la Procuraduría, la Fiscalía o la CSJ se pronunciaran sobre las proclives e infames afirmaciones. ¡No! Eso explica mis infinitos aplausos al editorial de El Mundo del pasado 27 de Marzo titulado “En defensa del General Montoya” y al excelente artículo de ayer del juicioso y sesudo columnista del mismo periódico, profesional del derecho Rodrigo Sanín Posada, titulado “El General Montoya”.

Bastaba el conocimiento que tenemos del insigne General para darle a ciegas nuestro efusivo voto de confianza, pero a ese contundente hecho agreguémosle la circunstancia de que la operación Orión se ejecutó por 1500 hombres en armas a su mando pero en la compañía de la Fiscalía, de la Procuraduría, La Defensoría, el CTI, del DAS y con la Policía Metropolitana al mando del General Leonardo Gallego y el decisivo apoyo de la Fuerza Aérea y por supuesto, con la franca y decidida colaboración del entonces Alcalde de Medellín, ingeniero Luis Pérez Gutiérrez.

Pocos meses antes de la Operación Orión un estudiante de último año de carrera de la Facultad de Minas estaba estudiando un viernes por la tarde en la cafetería estudiantil -a más de 1 kilómetro de distancia del epicentro de los criminales- cuando una bala de fusil de alto calibre lo mató. No volvimos por esas épocas a la tertulia de los primeros viernes de cada mes, en la que siempre hay una conferencia interesante y amena, sumada a la compañía de los amigos. La comunidad universitaria toda se sumió en esa época en la tristeza, en la desolación y por supuesto en el terror de ver la inminencia de la muerte a cada instante en los propios predios de la misma universidad. Si esa sensación la tenían los habitantes de la universidad, no somos capaces de imaginar la angustia de cada uno de los 150.000 habitantes de numerosos barrios al occidente, empezando por el de San Javier, en las goteras del centro de la ciudad. Y no solo la angustia por el peligro sino por el permanente despojo de sus bienes al que eran sometidos a cada instante y todos los días por la banda de facinerosos. Eran las épocas en las cuales tenían rodeada y casi tomada la capital de la República y el tenebroso “Romaña” se había apoderado de la vía a los Llanos orientales de Colombia y medio país –en el sur principalmente- estaba sin gobierno y los “paras” también hacían de las suyas.

El editorial de El Mundo y el artículo del doctor Sanín son suficientemente ilustrativos y le dan a la opinión pública la colosal dimensión del General Montoya Uribe, que ya conocía Antioquia con profunda convicción, por lo cual, al adherirme con patriótico entusiasmo a tales escritos, no agrego sino la confirmación de la imperiosa necesidad que tenemos de vivir alertas ante las patrañas del terrorismo- de izquierda y de derecha- y de defender y apoyar a los hombres de la calidad moral y profesional del General Montoya Uribe. La pérdida del baluarte bélico y político que constituía la comuna 13 y del país que ya casi dominaban totalmente no se la perdonarán jamás. Por eso la calumnia que registramos y las que vendrán contra él y contra el propio Presidente Uribe. ¡Gracias, General Montoya!



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