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¡No más barbarie!

03 de noviembre de 2006

Los colombianos lamentamos profundamente el alevoso ataque terrorista de las Farc al corregimiento de Tierradentro y resaltamos la valerosa defensa de la población que hicieron los patrulleros, en especial el comandante de la estación de Policía, Freddy Armando López Vargas
Aterroriza comprobar, una vez más, cómo las Farc siguen fieles a su estrategia de barbarie contra el pueblo colombiano. El acto terrorista en Tierradentro, Córdoba, demuestra el interés del grupo guerrillero de ejercer el control territorial dada la importancia de la zona como valiosa área de cultivo de la coca.

El narcotráfico, presente en esta región, ha llevado a una permanente confrontación entre los paramilitares y la guerrilla de las Farc para obtener el control del negocio maldito. Ante el reciente proceso de desmovilización de las Auc, el grupo guerrillero cree encontrar la oportunidad de ocupar su lugar. Por ello trata de obligar al Estado a retirar la Fuerza Pública a toda costa, haciendo uso de una de sus armas más crueles y efectivas: la toma terrorista de poblaciones a sangre y fuego.

Las Farc en la lucha por el dominio territorial, en especial de las regiones cocaleras, no se detienen ante consideraciones de humanidad y por tanto no encuentran reato alguno en hacer a la población civil víctima de sus despiadados actos. El uso de cohetes, pipetas de gas y balones bomba, es indiscriminado, sin importar si hiere o mata a policías o a ciudadanos indefensos. Sus acciones corresponden a su absurda y brutal lógica de guerra, que va aun en contra de los principios fundamentales del Derecho Internacional Humanitario.

No queda duda alguna de que el negocio de las drogas ilícitas financia la actividad terrorista de las Farc. Como tampoco queda duda de que las Farc no están derrotadas ni acabadas pero sí que se encuentran desarticuladas y que a ello ha contribuido la política de Seguridad Democrática. Sin embargo, el Gobierno no puede continuar improvisando en materia de estrategia de la consolidación del control territorial sino que requiere de una fuerza especial, muy preparada, que permita el total dominio de las regiones colombianas.

Nos preocupa que ante las alertas tempranas que dio la Defensoría del Pueblo sobre lo que podría suceder en Córdoba, el Gobierno no se hubiera preparado con la eficacia y estrategia militar y de inteligencia que los hechos de orden público demandan. La mayoría de los policías fallecidos eran muchachos muy jóvenes, patrulleros valerosos, pero sin la experiencia y conocimientos debidos para defender una zona de la complejidad de Tierradentro.

Si bien hay presencia del Estado en la zona, ésta es bastante precaria, lo que constituye un grave error, máxime cuando bien se conoce su trascendencia como corredor de la droga y anterior dominio de las Auc, y que aún conserva algunos residuos del paramilitarismo. Es que para nadie era un secreto que las Farc lucharían por su ocupación, como seguro lo harán en los demás lugares de Colombia donde se desmovilizaron los paras. Las Fuerzas Militares están pues en la obligación ineludible de recuperar el territorio.

Ahora más que nunca se requiere de una acción enérgica del Gobierno para cumplir con sus funciones constitucionales de proteger a todas las personas en su vida, honra, bienes, creencias, derechos y libertades. No sólo con Seguridad Democrática, es perentoria la asistencia integral del Estado que permita la consolidación de su soberanía y el bienestar de sus ciudadanos. Así mismo, los colombianos que pagarían el impuesto al patrimonio, necesitan la certeza de su adecuada implementación para lograr el efectivo fortalecimiento de la Fuerza Pública.

De este triste episodio, luctuoso para la democracia, quedan serios interrogantes: ¿Por qué no había una mayor presencia de la Fuerza Pública? ¿Se bajó la guardia y se desatendieron las alertas? ¿Cómo pudieron cerca de 500 hombres de las Farc desplazarse por la zona sin ser advertidos? ¿Es un desafío de las Farc a la política de Seguridad Democrática? Pero así sea que se resuelvan o no estos cuestionamientos, lo cierto es que son intolerables todos los hechos de barbarie que cometen las Farc contra el sufrido pueblo colombiano. ¡No más!
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