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Machuca conmemoró ocho años de tragedia y olvido

19 de octubre de 2006

- La ayuda se ha demorado porque está enredada en un pleito jurídico.

- El recuerdo de esa noche, de "la quema", permanece vivo en las víctimas.

- En este pueblo del Nordeste aún esperan las ayudas anunciadas.
Cada año, una misa y una marcha al cementerio hacían parte del programa oficial para conmemorar el aniversario del atentado guerrillero que hizo conocer en Colombia y el mundo la existencia de un pueblo alejado llamado Machuca, en Segovia.

Ayer, en la octava ocasión, no llegaron altos funcionarios del Gobierno ni periodistas a granel y, menos, las ayudas.

Solo autoridades locales y comandantes del batallón del Ejército que hacen presencia en el Nordeste acompañaron hasta el camposanto a unas 200 personas para dejar allí una ofrenda floral y honrar con un minuto de silencio a las 84 víctimas del atentado del Eln contra el oleoducto Central Colombia.

Entre los marchantes eran pocos los sobrevivientes de aquella madrugada de terror que en Machuca llaman "la quema".

Luis Alfredo Restrepo, quien no asistió a la misa, esperó a que pasara la multitud para caminar solo hasta el cementerio y visitar a sus seis seres queridos (cuatro hijos y dos nietos).

Guardó silencio un minuto y regresó a su taller de sastrería.

"No era mi día ni mi hora, pero a pesar de que el tiempo ha pasado, esta masacre me persigue día y noche", dice tras contar que en estos ocho años varias fueron las ocasiones que el recuerdo de su casa ardiendo y de sus hijos calcinados le vino de forma súbita a su mente cuando estaba de paseo. "Hasta allí me llega la poca felicidad".

La mayoría de las 32 personas que se salvaron de morir calcinadas mientras dormían prefiere no asistir a la conmemoración.

Unos porque quieren evitar el dolor de recordar en el camposanto la muerte atroz de sus seres queridos y tener que rememorar los dolorosos relatos de familias enteras calcinadas.

Otros, porque cada año por esta fecha se hacen evidentes las promesas incumplidas, las ayudas humanitarias que nunca llegaron y la reparación y la justicia que jamás vieron.

Pobres y olvidados
En este grupo de personas, cuyas vidas fueron destruidas y que aún no encuentran consuelo, está Cecilia Cardona, una negra que perdió su alegría tras ver cómo el fuego devoró a su esposo y a sus tres pequeños hijos, de 7, 12 y 15 años.

Fue la única sobreviviente y hoy muestra no solo un semblante adusto sino muchas quemaduras en su cuerpo que, dice, todavía la martirizan porque "duelen y pican, sobretodo cuando me da el sol".

Para ella y otras personas, el tiempo es demasiado lento y aún esperan los subsidios y las indemnizaciones a las que tienen derecho por ley.

"Cada año es lo mismo: entrevistas, promesas y charlatanería; creen que con una misa, una marcha y una merca tenemos para olvidar".

El drama de Cecilia se repite en la mayor parte de los sobrevivientes y damnificados.

Todos dicen haber diligenciado la documentación, pero siguen a la espera y, lo peor, no saben a quién recurrir.

"Han pasado 8 años, pero hoy más que nunca nos sentimos desprotegidos y olvidados", sostiene Luz Marina Londoño, quien perdió a su esposo.

El personero de Segovia, Jairo Luis Álvarez, explica que la ayuda está enredada en un lío jurídico que planteó el Gobierno ante el Tribunal Administrativo de Cundinamarca contra una aseguradora que desvió los recursos que la antigua Red de Solidaridad (hoy Acción Social), envió para las víctimas.

El Tribunal falló pero sólo ordenó la devolución de 600 millones, cuando el Gobierno esperaba 2.500 millones, hecho que obligó a una apelación.

"Sería bueno que mientras se resuelve el litigio, Acción Social girara los recursos y luego los reponga cuando salga la apelación", agrega el funcionario.
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