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¿De qué lado estamos?
Qué flaco servicio vienen prestando esas organizaciones que a diario opinan sobre el acaecer de nuestra querida Colombia y que encuentran en pocos, pero conocidos medios de comunicación, el interlocutor adecuado para convertir algunas denuncias en hechos ciertos, como si aquellas ya hubieran sido investigadas y juzgadas por la entidad competente. No sé si lo hacen por ignorancia de nuestro ordenamiento jurídico, por una soterrada jugada política o por el apetito de hacer dinero con la honra y el buen nombre de las personas y las instituciones.
El último en caer en estas garras fue el Ejército de Colombia, que es una de las pocas instituciones que conserva y acrecienta cada día más su credibilidad y respeto.

¿Qué nos está ocurriendo? ¿Será que vamos a permitir que nos juzguen ciertos periodistas u organizaciones? ¿Continuaremos creyéndole el cuento al primero que lo narre? ¿Vamos a permitir que se destruya en segundos la imagen de quienes la han labrado por años con inmenso esfuerzo y sacrificio? ¿Dónde están nuestros voceros, los gremios y todos aquellos que de una u otra forma representan a la comunidad?

Creo que como ciudadanos de bien debemos velar por la permanente mejora de nuestras instituciones. Es apenas lógico que en una entidad como el Ejército, a la cual pertenecen más de 200.000 hombres, se presenten situaciones irregulares que deban investigarse y juzgarse con todo el rigor jurídico. Lo que no se puede permitir es que ello no se haga o lo realice quien no lo debe hacer. Estoy seguro que el primer interesado en que se esclarezcan las denuncias sobre actuaciones de sus miembros es la propia institución militar, que con toda fortaleza acatará cualquier fallo judicial.

La seguridad no se logra desde los despachos públicos y menos por decreto. Ella se logra confrontando a los delincuentes en sus guaridas, actuando eficazmente sobre el enemigo, persiguiéndolo en todo lugar donde se encuentre y utilizando los medios adecuados y permitidos para vencerlo.

¡Qué poca memoria tenemos y qué tan fácil se nos olvida las excelentes ejecutorias del Ejército de Colombia! Sólo basta recordar algunas circunstancias de los oscuros tiempos que vivimos hace apenas unos pocos años. Estuvimos obligados a permanecer encerrados en nuestras casas teniendo la acera del frente como único sitio para recrearnos ya que el secuestro estaba en todo su furor; los “paseos millonarios” se presentaban a diario; las torres de energía se mantenían en el suelo; las vías a Bogotá y la Costa Atlántica estaban en poder de la delincuencia; la Comuna 13 de Medellín era una república independiente donde se almacenaban armas e insumos para la guerrilla; el Oriente antioqueño parecía más bien el Oriente Medio, donde todos los grupos ilegales se pavoneaban como pedro por su casa, destruyendo poblaciones y reclutando a la fuerza campesinos para sus organizaciones. En el Urabá Antioqueño se presentaban masacres por doquier; el robo de vehículos era el pan de cada día. Y ni hablar del genocidio de Bojayá y del cruel y vil magnicidio del que fueron objeto nuestros grandes amigos Gilberto y Guillermo y ocho miembros de nuestras Fuerzas Armadas a manos de la guerrilla… En fin, se nos olvida que el tiempo pasado no fue mejor.

Recuerdo, sí, que en aquella época solo veíamos una esperanza clara y era que el Ejército actuara. Lo pedimos a gritos y lo hizo con unos resultados que hoy disfrutamos y son pilar fundamental de la vida económica de la Nación.

El Urabá Antioqueño se convirtió en tierra de pujanza donde los inversionistas siembran futuro; las carreteras del país las usamos todos los días para movilizar mercancías y turistas, como lo refrendó en su viaje por tierra entre Bogotá y Medellín el Embajador de los Estados Unidos en Colombia. En fin, el panorama actual es otro bien diferente. El cambio no fue de la noche a la mañana, ni fue fácil.

Nuestro Ejército actuó con persistencia, rapidez y entrega ejemplares para recobrar la seguridad ciudadana y permitir el retorno a la tranquilidad económica y comercial. Lo hizo incluso sacrificando muchas vidas de sus hombres para no hablar de los miles de lisiados que hoy tiene a su haber.

¡Qué ingratitud y qué falta de solidaridad para con el Ejército! Vale la pena recordar la famosa frase de Martín Luther King: ¨Ya no me horrorizan los actos malos de la gente mala, pero sí me horroriza tanta indiferencia de la gente buena¨.



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